miércoles, noviembre 12, 2008

Reflexiones navideñas

Esta lloviznando! Esta semana creo que toda Caracas ha deseado que lloviera, para aliviar esa densa capa de smog que intenta hacerse parte de las nubes. Sinceramente no me imagino al Ávila juntando manos invisibles, rogando por un poco de agua, es lo suficiente orgulloso como para no hacerlo, como el caraqueño.

Mi diciembre del año pasado fue un desastre por causas naturales, no sé si es mejor o peor que otros años donde los problemas eran inventados o demasiado triviales (digo por lo auténtico), o quiza eran navidades geniales y yo intentaba amargarme porque sí. Pero el pasado diciembre fue el primero donde lo mas lógico era ponerse a llorar y a pesar de eso no lo hice, no quería sentarme, compadecerme y dejar que el dolor se convirtiera en algo real... Quiza debi hacerlo, pero no lo hice. Punto. A todas estas, ahora me emociono por cualquier combinacion de verde-rojo, asi sea por casualidad (un chavista cayendole a piedras a copeyanos?) o algún comercial/anuncio que nos haga despertar nuestros instintos consumistas. Las gaitas hacen que se emocionen casi todas las células de mi cuerpo... irónico, aunque no son todas las gaitas, aún las células tienen sentido común. Cada vez que veo la fecha me impresiona la rapidez del tiempo, como ya han pasado meses y que el año se nos queda corto de nuevo. Llevo semanas planeando como haremos las hallacas y lo podamos disfrutar todos y maquinando como hacer para que me dejen poner algun adorno navideño en la casa, aunque mas que adornar la casa, sea casi para adornarnos a nosotras.

Tantos detalles y aún no entiendo porque me emociona el hecho de que llegue diciembre y sea navidad. Siempre la he considerado una fecha meramente consumista y lo seguiré haciendo, pero inevitablemente uno se contagia por la emoción de los niños por ver a un gordo disfrazado (y los gritos de pánico de algunos al verlo!)*, renos plasticos, cajas enormes con lazos (por cierto, jamás he visto un regalo de verdad de ese tamaño, que farsa ¬¬''), nieve falsa, ponche aderezado con colesterol, ofertas engañosas de "lleve uno y pague el triple", luces, adornos y unos cuantos dedos menos por los lindos fuegos artificiales. A pesar de todo esto, me encanta el intento de la gente de retomar viejos vínculos, reforzar tradiciones, interesarse por el prójimo sin importar que tan forzado parezca, hay quienes que sin querer se terminan acostumbrarse a preocuparse por los demás. Sea cual sea la causa, creo que es motivo de celebración.

Y lo que más me gusta del mes de diciempre, lo que más anhelo es el cielo. Para los que no sepan, la temperatura aquí es bastante estable (de 20° a 30°, para muchos es definición de calor desoldificante) y por mas que llueva, escampe, vuelva a llover, y escampe de nuevo no suele variar demasiado. Excepto en diciembre. En este mes es cuando sentimos el único e inofensivo "invierno" que tiene Caracas, lo que hace es brisa, viento frío y ya. No es suficiente como para que valga la pena comprarse un abrigo de piel falsa en Zara (o puedo dejar el espacio en blanco para incluir cualquier tienda de ropa que importe hasta las estaciones europeas) pero hace un poco más de frio de lo usual por la brisa, y lo realmente importante: se despeja el cielo de una forma casi mágica. Vale, no debe ser mágica pero no quiero oir la explicación cientifica. Prefiero limitarme mirar al cielo más azul e intenso que se puede pedir por estos lares, adorando al contraste con el verde de caracas. Me hace eco en recuerdos de hace años, cuando mis hermanas me engatuzaban con luces de bengala para que el niño jesús pudiera dejar los regalos, y yo inocentemente tragandome el cuento mientras intentaba tocar el cielo de color azul (claro, intenso y brillante, hasta de noche es hermoso) sin mucho éxito, por supuesto, todavía no lo alcanzo y he crecido como un metro desde entonces.

Me encantan los días lluviosos, no lo niego, pero hay un noséqué, unas cosquillas de emoción que me dan cuando el cielo me sonríe con un azul de punta a punta, es una de las pocas razones por las que podría quedarme bajo el sol picante de buena gana. Pasaron los minutos, ya no llovizna, no hace calor ni frío, solo un vapor desagradable de poca agua evaporándose. Este diciembre en realidad no pinta nada bien, hay suficientes problemas económicos, psicológicos y personales. Presisamente por eso estoy tan intrigada de mi emoción por esta navidad, emoción que viene como desde agosto, a pesar de que sé que es una fecha nada más (un tanto materialista, ya lo había dicho) pero no se me quita el cosquilleo, quizá es la ilusion de que las cosas cambien un poco sólo porque es navidad y todo debería estar bien en las fiestas decembrinas? No lo sé. Muy ingenua yo.

Espero que al menos el cielo siga azul, que se quede deslumbrandome hasta enero, aunque conociendo el anárquico clima de Venezuela, y sumandole el calentamiento global y demás metidas de patas humanas, tendremos suerte si no nieva.


*No creo que haya sido la única niña que gritaba aterrada cuando se acercaba algún tipo disfrazado de cosas raras, como dice Andrés Lopéz, eso es de Barney para acá

2 comentarios:

OmarAlfonso dijo...

Definitivamente te tienes que venir a SC. No es que te congeles por estos lares ni mucho menos, pero tienes mas dias fríos que disfrutar y cuando el cielo dice ponerse azul no hay edificio que lo opaque.

Ah... y estoy yo =)

nmil kissitos!

Mariws dijo...

me siento repetidaaa... y me quiero ir a sc!! xD